En más de una ocasión habrás escuchado el consejo: sigue tu pasión. Me parece un buen consejo, dependiendo del contexto. Sin embargo, yo, la verdad, prefiero seguir mi obsesión a seguir mi pasión. Y es que te han confundido sobre la obsesión. Te han hecho creer que la obsesión es negativa, un veneno que hay que evitar a toda costa. En el ámbito laboral, cuando hablamos de una persona que está obsesionada con alguna cosa, con algún tema, con algún proyecto, normalmente lo decimos o lo interpretamos de manera negativa, como que eso está limitando su potencial porque mantiene ocupada su mente. De hecho, desde el punto de vista psicológico, cuando hablamos de obsesión nos referimos a una idea fija o persistente en tu cabeza.
También estoy seguro de que, en más de una ocasión, se te ha fijado en la mente una idea sobre algún proyecto, sobre algún pendiente, sobre alguna tarea que debes realizar en el trabajo, y esa idea es tan persistente que no te deja concentrarte en muchas otras cosas. Esta es la razón por la cual, a veces, la obsesión se considera como algo negativo. Sin embargo, desde mi punto de vista, la obsesión es el antídoto contra la mediocridad, para trabajar en algo que valga la pena y para persistir sin rendirte a la primera. Si quieres lograr algo importante en tu trabajo o en tu vida, tienes que obsesionarte hasta cierto nivel, porque, de esta manera, la mediocridad no va a ser parte de tu vida.
¿Qué implica la mediocridad? Buscar el camino fácil, tratar de encontrar el hack, el truco o esa solución rápida para cualquier problema.
Sin duda, hay cuestiones que se pueden resolver de forma fácil, sencilla y directa, y deberías hacerlo así; pero hay muchas otras, todas aquellas que valen la pena, que requieren esfuerzo constante, trabajo y disciplina. Y ahí es donde la mediocridad se vuelve nuestro enemigo. ¿Por qué? Porque sabemos que tenemos que hacer algo importante, pero queremos hacerlo en cinco minutos o con el menor esfuerzo posible, y eso nos mantiene atados justamente a resultados mediocres.
No es tan difícil ver por qué la obsesión es importante: basta con echar un vistazo a los más exitosos o a las más exitosas de este mundo, y te das cuenta de que son personas obsesionadas con algún tema, con su misión, con sus valores o con resolver algún problema específico. El mundo, justamente, premia a las personas que se obsesionan de una manera sana.
Porque sí, la obsesión, como muchas otras cosas, tiene un cierto límite, después del cual ya no resulta adecuada para una persona. Si te obsesionas hasta cierto punto, eso puede beneficiarte mucho en tu vida y en tu trabajo; pero, quizá, pasando ese punto, ya no obtengas un beneficio, sino un perjuicio que será el resultado de esa obsesión.
Y aquí está el detalle: cada uno de nosotros tiene ese punto en un lugar diferente. Hay personas que se obsesionan rápidamente con cualquier cosa; hay otras a las cuales les cuesta más. Por lo tanto, no hay una receta que yo te pueda decir, como “¿sabes qué?, hasta cierto punto de obsesión es muy positivo”.
Por lo tanto, yo te recomiendo que te obsesiones con lograr cosas. Puede ser que te obsesiones con crear un producto, que te obsesiones con solucionar un problema, que te obsesiones con aprender un tema o que te obsesiones con vender un servicio. Todas estas obsesiones, te aseguro, van a derivar en cuestiones positivas para ti.
Y, para lograrlo, mi mejor consejo es que trabajes lo que yo llamo la obsesión dirigida. Una obsesión dirigida es una obsesión que tiene un objetivo claro.
Si es, por ejemplo, terminar una determinada tarea, bueno, obsesiónate con esa tarea; y cuando la termines, esa obsesión debe terminar con ella. Si te vas a obsesionar con poner un negocio, bueno, entonces va a ser una obsesión a muy largo plazo, porque tu negocio va a estar andando —esperemos— muchos años. Esa obsesión por tu negocio debe durar todo lo que dure tu negocio.
¿Y cómo empiezas con una obsesión dirigida?
Paso número uno: decide con qué te vas a obsesionar, porque, cuando lo hagas, te vas a comprometer con esa tarea, proyecto, cosa o persona, lo que sea, pero tienes que tomar la decisión.
Por ejemplo, si decides que quieres aprender una nueva habilidad laboral —que seguramente te hace falta en estos momentos—, bueno, justamente para aprenderla, primero tienes que comprometerte a hacerlo.
El segundo paso es empezar con esa obsesión.
Si, para aprender esta habilidad laboral, tienes que leer algunos libros, platicar con ciertas personas o ver algún curso —ya sea tomarlo en audio o en video—, bueno, realiza esas acciones. Todas las acciones que te ayuden a avanzar con tu obsesión son bienvenidas.
Por supuesto, no puedes hacerlo todo: tienes que filtrar, tienes que elegir sabiamente, y eso solo se logra cuando empiezas, cuando comienzas a actuar.
El paso número tres es fluir con esa obsesión.
Si es una obsesión que te va a requerir semanas, meses o años, entonces necesitas involucrar la disciplina: hacerlo de forma constante. “Cada vez que le voy a dedicar tiempo a esta obsesión —que, en este caso, es aprender una habilidad laboral—, voy a dedicarle 15 minutos diarios” o “prefiero dedicarle dos horas un día a la semana”. Como sea que tú lo elijas, tienes que establecer disciplina para que, de esta manera, puedas avanzar con tu obsesión.
Porque, si no te obsesionas, sabes que lo vas a dejar. Una persona que no se obsesiona con aprender algo importante lo va a dejar; no va a ser una prioridad. Mientras que una persona que sí se obsesiona le va a dedicar tiempo, ya sea todos los días o todas las semanas, pero va a estar ahí, de forma constante, con ese tema, con ese proyecto, con ese negocio.
Y esta es la razón por la cual yo te invito a que veas la obsesión como una gran aliada en tu vida personal y profesional.

