¿Por qué te gana quien “presume” sus resultados?

¿Por qué te gana quien "presume" sus resultados?

Una de las frustraciones más comunes entre quienes poseen un perfil técnico y trabajan en una empresa es la sensación de que el sistema no es justo. Cumples con tus tareas, te esfuerzas día tras día y entregas resultados, pero el reconocimiento no llega.

Al mismo tiempo, observas cómo compañeros que aparentan hacer menos reciben elogios, visibilidad o mejores oportunidades. Surge entonces una pregunta inevitable: ¿cómo es posible que quien trabaja menos destaque más?

Esa experiencia quiebra la lógica del esfuerzo y la recompensa. Lo sé porque estuve ahí, dándole vueltas una y otra vez al asunto, intentando comprender una dinámica que parecía profundamente injusta.

Con el tiempo, esta percepción genera una consecuencia peligrosa. Las personas comienzan a reducir su nivel de compromiso y aparece lo que llamo el mínimo esfuerzo posible: hacer solo lo necesario para cumplir y evitar el despido. Es un estado desmotivador, en el que el potencial se apaga bajo la convicción de que esforzarse más no vale la pena si nadie lo reconoce.

Esta falla en un sistema que debería ser meritocrático también contamina la forma en que percibes a tus compañeros. Empiezas a juzgar, a comparar, a pensar que otros ganan más, ascienden o reciben mejores condiciones no por su capacidad, sino por favoritismos o cercanía con el jefe. Estos pensamientos se vuelven recurrentes y erosionan tanto la motivación como el ambiente laboral.

La raíz del problema está en una creencia equivocada: pensar que hacer bien tu trabajo es suficiente. La realidad es distinta. En muchos entornos profesionales, no progresa quien más hace, sino quien logra que sus resultados sean visibles. Si nadie conoce tu aporte, es como si no existiera.

Por eso, quien comunica y expone sus resultados suele avanzar más rápido que quien se limita a ejecutar en silencio, aunque su trabajo sea impecable.