Si estás convencido(a) de que no hay una sola cosa en la que seas mejor que los demás, entonces el sistema ha hecho un gran trabajo contigo, convenciéndote de que eres promedio.
Y no me refiero a algo en lo que seas el número uno del mundo, porque incluso cualquier cosa en la que que yo te diga que soy bueno, seguro que habrá miles o millones de personas en este planeta que son mejores.
Me refiero a aquello que haces mejor que nadie que las personas que te rodean en el día a día.
Más importante aún: aquello en lo que destacas en comparación con tus compañeros de trabajo.
Un profesional agrícola al que asesoré me dijo: “Olmo, es que realmente no encuentro nada en lo que supere a mis compañeros”. Fue su respuesta después de una semana que tuvo de margen para encontrar la respuesta a la pregunta: ¿Qué conocimientos, habilidades, experiencias, etc., te dan una ventaja para superar a tus compañeros de trabajo en algo?
Después de 15 minutos de conversación le ayudé a detectar 3 ventajas competitivas, ninguna de las cuales estaba aprovechando. ¿Por qué? Porque las veía como algo normal, que todo el mundo debería poder hacer.
Mi mayor ventaja competitiva es la habilidad de comunicar, pero durante años no la consideré una ventaja, porque pensé que no era nada del otro mundo. Ahora me doy cuenta que la comunicación es una limitante de la gran mayoría.

