Durante años he tenido la intención de impulsar la capacitación en habilidades humanas para profesionales agrícolas, aunque constantemente me desviaba del camino. Podría culpar a factores externos, pero la realidad es más simple: era el síndrome del impostor haciendo de las suyas.
Las dudas eran recurrentes: quién querría aprender de mí, qué podía aportar que otros no supieran, qué valor real tenía mi experiencia frente a colegas igual o más preparados. Sin embargo, al conversar con otros profesionales del agro, entendí algo clave: el sector está lleno de gente técnicamente brillante que avanza a medio gas, frustrada, estresada y sin lograr el progreso que desea.
Conozco bien ese escenario porque yo estuve ahí. Me entregué por completo a la empresa, sacrifiqué proyectos personales y asumí más responsabilidades sin que eso se reflejara ni en crecimiento ni en salario. Mientras tanto, veía llegar personas que partían desde posiciones más altas sin entender por qué. Cuando finalmente encontré respuestas, ya no quise seguir en una empresa; quise emprender. Aun así, permanecí bloqueado hasta que alguien con más recorrido me dijo una frase simple y contundente: “Lo que tú sabes, alguien más lo quiere aprender”.
Ese comentario cambió mi perspectiva. Poco después, un conocido me contó que había invertido mucho dinero en un curso de un experto, pero que el impacto práctico había sido mínimo. Tras escucharlo, le señalé que ese curso estaba diseñado para alguien que ya iba varios escalones más arriba y le recomendé empezar por un punto más acorde a su situación actual. Meses después me confirmó que ese consejo le había servido más que todo el curso.
Ahí está el fondo del asunto: muchas personas no necesitan el paso 10 ni el 100, necesitan el paso 1. El síndrome del impostor también frena a quienes quieren enseñar, crear contenido o compartir su experiencia porque sienten que saben “demasiado poco”. La verdad es otra: la mayoría solo busca a alguien que vaya unos cuantos escalones adelante y le muestre el siguiente paso posible, aquí y ahora.

