Una forma de subir el nivel de tus compañeros

Una forma de subir el nivel de tus compañeros

No soy precisamente un devoto del futbol, pero hay un par de historias que vale la pena rescatar porque dicen mucho más de trabajo en equipo que de goles.

Hace años, cuando Zinedine Zidane jugaba en el Real Madrid, después de uno de esos partidos en los que parecía que todo le salía perfecto, le preguntaron cuál era su secreto para hacerlo tan bien dentro de la cancha. Su respuesta fue tan simple como poderosa: estaba obsesionado con lograr que sus compañeros jugaran mejor. Para él, su verdadero trabajo no era lucirse, sino elevar el nivel de todo el equipo.

Algo muy parecido escuché durante el Mundial de 2022, en el partido donde Croacia eliminó a Brasil en cuartos de final. Tuve la oportunidad de verlo y recuerdo que uno de los comentaristas destacó que Luka Modric tenía una cualidad clave: hacía mejores a sus compañeros. No hablaban de asistencias espectaculares ni de estadísticas individuales, sino de impacto colectivo.

Traigo a colación estas dos escenas porque, en el mundo laboral, ese enfoque es sorprendentemente escaso. Son pocos los profesionales que de verdad se ocupan de impulsar a quienes trabajan a su lado.

Y ojo, no me refiero a hacerlo de vez en cuando, cuando el ánimo anda bien o cuando conviene quedar bien. Hablo de hacerlo de forma constante, casi como un hábito profesional. Día tras día.

Las grandes figuras del futbol que mencioné no lo hacían solo en los partidos importantes ni cuando todas las cámaras estaban encima. Lo hacían entrenamiento tras entrenamiento, jugada tras jugada. Siempre.

La invitación es clara: mientras compartas espacio con otras personas, sube su nivel. Piensa, habla y actúa de tal forma que tu sola presencia impulse a los demás. Que trabajar contigo sea un upgrade, no una carga.

¿Es fácil? No necesariamente. ¿Es imposible? Para nada. Tampoco estamos hablando de física nuclear.

La base para lograrlo está en la coherencia de tu comunicación. En cómo hablas y cómo actúas. En las palabras que eliges, en las que decides no usar, en tus gestos, en la forma en que preguntas o afirmas algo. Todo eso deja huella en quienes te rodean, aunque no siempre lo notes.

Con tu comunicación puedes aplastar o potenciar a otras personas. Mi recomendación es obvia: apuesta por lo segundo.

Además, muchas veces no se necesita gran cosa. Un reconocimiento sincero en el momento adecuado. Mencionar públicamente el trabajo o los resultados de alguien más. Hacer una pregunta que permita que la otra persona luzca. Pequeños gestos, bien usados, generan grandes efectos.

Cuando hay coherencia, la comunicación se convierte en una herramienta poderosa. El problema es que en la escuela casi nunca nos enseñaron lo básico para comunicarnos mejor y para impulsar a otros desde nuestro rol profesional. Por eso te invito a inscribirte en mi curso Mejora tu comunicación laboral, donde aprenderás claves prácticas que te colocarán por encima del 90 % de los profesionales agrícolas en temas de comunicación. El enlace está más abajo.